
Se lo que heces, te conozco bien.
No lo intentes conmigo, no va a funcionar, no volveré a caer. Por suerte aprendo fácil de mis errores.
Esther se encontraba tirada en el sofá de su casa viendo una estúpida película. Era viernes. Tocaron la puerta, como un maldito maleficio era él. Si, otra vez.
-¿Que haces?- Dijo L. mirándola de abajo a arriba.
-Veo la tele... Y ya me bañe.- Respondió Esther a la defensiva, tratando de ocultar algo de disgusto en su mirada.
-Y entonces...¿Nos vamos?- Pregunto L. poniendo su mano derecha en la cabeza mientras la otra se mantenía intacta en el bolsillo de su jeans.
Esther intento contener la furia de su mirada, respiro hondo, dio media vuelta y tomo las llaves que habían en la mesa, cogió la chaqueta café que había en el sillón y cerro la puerta secamente, sin ninguna expresión en su cara. Así se mantuvo hasta que llego. Los saludo a todos, bueno, los que escucharon.
Se sentó junto a D. que tenia su Ipod a toda y cantaba una canción. Al frente suyo estaban F. y S. que se besaban apasionadamente, a tal punto que daba asco. L. estaba sentado junto a D. algo pensativo o enojado...No se.
Luego de 15 minutos sin pronunciar una palabra, nadie, Esther se paro y dijo:
-¿Entonces que haremos?-
No tardo L. en responder:
-Esperemos a E.-
-¿Y donde esta?- dijo Esther mirando a todas las direcciones ya algo desesperada.
-No se- respondió L. riendo.
-Me hubiera quedo viendo la tele, estaba mejor ese programa sobre personas autistas...-Susurro Esther mientras se sentaba otra vez, ya con la paciencia casi al borde.
-Pues vete a tu casa y sigue viendo la tele.- Dijo L. mientras miraba el cable de la luz.
Esther se paro y comienzo a caminar hacia arriba, tenia sus manos empuñadas, por suerte la chaqueta los cubría.
Se podía escuchar como B. gritaba algo preocupado:
-Esther ¿A donde vas?-
Era B. su mejor amigo, pero el dolor en su pecho era tan fuerte que decidió no escuchar. Entro lo mas rápido a su casa, abrió el refrigerador y saco algo de beber. Lo bebió tan rápido que pudo sentir como su cerebro se congelaba, se tiro al sofá y prendió la tele.
Tocaron la puerta incontables veces, Esther nunca abrió. Miraba el techo y se preguntaba que demonios le sucedía. Nunca su ira había salido a flote tan rápido. Nunca frente a alguien. Nunca sin ninguna razón.
Luego de 5 minutos dejaron de tocar la puerta.
No soy tu maldita bufona y mucho menos la que siempre esta libre cuando tienes ganas.